Mujeres en tiempos de pandemia

Como en toda crisis, del COVID-19 han surgido oportunidades para los menos y problemáticas para los más. La vivencia de la pandemia depende de tu clase social y tu acceso a recursos, así como de tu género. Las mujeres lo hemos vivido con las manos llenas durante meses, pero también con mucha frustración y pena. Hacía meses que no me dedicaba al ejercicio de la escritura. Meses, en los que teniendo tanto que decir, decía lo mínimo. Este año cumplo treinta y seis y siento que estoy cruzando ya una línea invisible que me plantará en los cuarenta en cuanto menos me lo espere (o en cuatro años, depende de lo poética que me encuentre). Casi cuarenta años y sigo sin encontrar mi voz. Hoy, os cuento mi experiencia, desde una perspectiva feminista, de lo que he pasado como mujer durante la pandemia y los retos que tenemos por delante.

El confinamiento que vivimos en marzo y en abril nos hizo enfrentarnos a una conciliación impuesta, a compartir espacio entre todos los miembros de la familia mientras teletrabajábamos. Sobra decir que no fue fácil para nadie. Unas familias sufrían por la simple convivencia, ya fuere porque el espacio no favorecía los límites entre las actividades de unos y otros, o por tener niños pequeños y demandantes, o por vivir situaciones de violencia, o por perder el empleo. Todos y todas hemos experimentado las dificultades de una forma u otra. Y no, no se compara con una guerra. Quedarse en casa, como se decía al comienzo de la epidemia, no es algo dramático. Pero sí es dramática la sensación de encierro, la falta de libertad y de autonomía. Hay que tener también el valor de aceptar eso como algo humano y universal.

Mi esposo y yo nos turnábamos en esta época para poder trabajar él por la mañana y yo por la tarde, de modo que pudiéramos entretener a nuestro hijo de dos años sin que interfiriera en nuestras labores profesionales. Pero claro, también hay que cocinar, poner lavadoras y un largo etcétera. En mi casa se hace todo muy democráticamente y 50% cada quien, por lo que no tuve los enfrentamientos con mi marido referente a la distribución de tareas, como pudieron tener la mayoría de las parejas. Sin embargo, con la reducción de horas de trabajo que supuso esta realidad, ambos dejamos de lado proyectos que teníamos en mano, tanto personales como empresariales. Ya estamos en septiembre y sigo arrastrando una lista de pendientes que me siento incapaz de afrontar. Y es que la energía y el optimismo que se necesita para iniciar cualquier ventura, se esconden bajo una capa gruesa de impotencia, de miedo, de bruma y agotamiento.

Pocas son las escritoras que pueden dedicarse plenamente a la creación literaria. La mayoría tenemos otros trabajos que son los que nos dotan de un salario y desarrollamos nuestra carrera artística en la periferia de ese escaso tiempo y espacio que nos queda. Andaba yo en marzo dándolo todo con una nueva novela. Una historia que llevaba preparando meses (la parte aburrida, ya sabéis: estructura, personajes, contexto, conflictos,…) y que acababa de plasmar en papel con las primeras treinta páginas. Me encontraba en mi climax de creación, cuando todo se paró. En agosto, salió en Prime una serie que se parecía demasiado a lo que ya había escrito… ¡Meses de trabajo tirados! En plena pandemia, me toca reinventarme. Y, la verdad, no sé ni por dónde empezar.

Cuando era más joven, soñaba con tener voz. Pensaba que si me formaba toda la vida, si leía, si desarrolla un pensamiento crítico y tenía tanto que decir, inevitablemente sería escuchada. Pero no ha sido así. No soy más que otra mediocre treintañera criando a un chamaco testarudo, ejerciendo labor contable y yendo al gimnasio a hacer clases para señoras caderonas. No me acerco ni un ápice a esa vida llena de aventuras y liderazgo que pensé capaz de alcanzar. La seguridad en mi misma era una clave identitaria para mí. Siempre supe quién era porque me sentía libre de ser quien quisiera. Ahora, que sé más de la vida que en mis años más jóvenes, dudo más de cada paso, de cada actitud, de cada decisión, de cada persona que entra mi vida. Me siento mermada. Quizás porque la vida de adulta es aplastante y las reponsabilidades no dejan mucho tiempo para la ensoñación y los grandes planes. Lo peor del caso es que miro atrás y no tengo muy claro si hubiera podido cambiar mi destino. ¿De verdad hubiera estado en mi mano el tener una vida adulta distinta? ¿O he seguido los pasos que la sociedad esperaba que diera sin darme cuenta? En tiempos donde uno parece no controlar nada, no me queda más que preguntarme cómo he llegado hasta aquí y qué me queda por conquistar como mujer ya casada, con hijos, con carrera, con casa. Una vez llega una a esa meta, la sociedad ya no tiene planes para ti. Es como si ya hubieras tachado todo en tu lista y ya solo te queda vivir, disfrutar de las pequeñas cosas y dejar las grandes conquistas para las futuras generaciones que crias. Esta reflexión me entristece y me enfada al mismo tiempo porque, según yo, solo he creado cimientos. ¿Qué se construye sobre esto?

Durante estos meses, las mujeres de mi entorno han vivido frustraciones ligadas a su género. Una de ellas, ocupándose de los dos niños sola porque su marido trabajaba durante el confinamiento. Otra, batallando a diario con él para defender la libertad de una hija abrumada por una disciplina extenuante. Otra, haciendo malabares con los euros tras perder su trabajo. Otra, a punto de mandarlo todo a la mierda. Todas un poco desorientadas, pero sobre todo cansadas. Hartas de tener que verbalizar que hay que sacar la basura como si no fuera algo obvio. Agotadas solo con pensar qué cocinar esta noche. La sensación de invisibilidad creciendo en nosotras, todas rodeadas de familiares y amigos que nos quieren, pero que también están con el modo de supervivencia ON.

El primer paso para recuperar mi persona “a.C.” ha sido darle continuidad a este blog. Porque en el fondo, sé que tengo mucho que decir. Y, detrás de esa cortina de derrotismo, sé que hay luz y que, de una manera u otra, encontraré un nuevo camino que recorrer. Las mujeres no acabamos nuestro desarrollo vital cuando la sociedad lo impone. Hemos luchado siempre y seguiremos haciéndolo. El feminismo está más dormido este año, pero las mujeres no vamos a dar un paso atrás. Desde aquí, ánimo a todas las que luchais a diario.

Un comentario sobre “Mujeres en tiempos de pandemia

  1. Desde siempre se le ha pedido mucho a la mujer, nosotras mismas nos exigimos a diario y no aceptamos menos de nosotras. Nos olvidamos que… ante todo somos humanas y debemos permitirnos un espacio solo para nosotras sin sentir culpa… Te acompaño en tu sentir… y sigamos en la lucha!

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