2019: Un año Feminista

El año 2019 llega a su fin y quisiera repasar en unas líneas lo que ha supuesto para el movimiento feminista y para la igualdad de género. Siento la emoción en mis manos al teclear estas líneas porque ha sido, sin duda, un gran año para el feminismo. Quizás no tanto en avances indestructibles porque, desafortunamente, dar la vuelta en nuestros pasos forma parte de las trampas de los avances en derechos sociales, pero sí desde un punto de vista ideológico. Son muchas las personas, hombres y mujeres, que se han unido al movimiento feminista en 2019, que han descubierto y abrazado la importancia de la igualdad real como meta inequívoca de un mundo más justo. La desigualdad ya no pasa tan desapercibida y la injusticia se encuentra con el grito feminista para ponerle freno: ¡Ni una más! ¡Ni una menos!

El año comenzó en nuestro país con protestas contra el discurso retrógrado del odio contra la libertad de las mujeres que empezó a expandirse de la mano de la ultraderecha. No estamos más bonitas calladas y las feministas han levantado la voz para defender todo aquello que tanto ha costado conquistar. El negacionismo de la violencia machista se considera ya un discurso radicalizado y de extrema derecha; ya no nacen con tanta cotidianidad comentarios que pongan en duda las voces de las víctimas porque en el imaginario colectivo se ha asentado esta realidad como innegable para una gran mayoría de la gente. Siempre habrá quienes se resistan a aceptar las cifras que demuestran que nos matan por ser mujeres y busquen excusas, explicaciones o justificaciones maliciosas que culpen a la víctima: ¡Y la culpa no era mía: ni dónde estaba ni cómo vestía!

En enero, las mujeres de más de treinta países se manifestaban en el tercer aniversario de la marcha mundial feminista. La Marcha de las Mujeres liderada desde Washington puso sobre la mesa las políticas pendientes que tiene un país como Estados Unidos: derecho garantizado al aborto, baja de maternidad, derechos de las mujeres afroamericanas e inmigrantes,… por mencionar algunas de las grandes luchas feministas norteamericanas.

El 8M en España volvió a llenar las calles con miles de mujeres avisando de que, “si nosotras paramos, se para el mundo”. La brecha salarial, la corresponsabilidad y la lucha contra la violencia machista, sus principales demandas: ¡Abajo el patriarcado que va a caer, que va a caer!

Las elecciones de abril en nuestro país sirvieron al Feminismo para consensuar una agenda común a través del Manifiesto feminista presentado por más de cien organizaciones, forzando así a los partidos a tomar conciencia de las prioridades que deben formar parte de cualquier agenda comprometida con la igualdad de género de manera transversal a todos los ámbitos. Las feministas se han hartado de promesas vacías y de leyes carentes de presupuestos. La lucha contra la violencia machista comienza por ampliar la descripción de víctima, por intervenir de manera urgente en la protección de la infancia afectada por la violencia de género; hay que acabar con los recortes que afectan leyes tan importantes como las de la Dependencia; acabar con la brecha salarial; invertir en servicios públicos para que las mujeres no tengan que elegir entre ser madres o profesionales, entre otras cosas; ilegalizar la prostitución y establecer medidas contra la trata y la explotación sexual; y, por supuesto, educar en igualdad para que las próximas generaciones no hereden el machismo ni la desigualdad.

En mayo, la controversia envolvió la marca Nike cuando las mujeres atletas denunciaron la discriminación que se sufre al ser madre para las deportistas de élite. Los embarazos son tratados como lesiones, que las incapacita para ejercer su profesión, una situación ante la que no tienen garantías de sueldo hasta ser capaces de volver a competir. El embarazo en la industria deportiva se vive como una penalización. La marca del “Just do it” recibió críticas que reavivaron el debate sobre la injustica que viven las mujeres deportistas dentro de la industria en comparación con los hombres.

También en mayo, las feministas salimos a la calle a honrar la memoria de Verónica, la trabajadora de Iveco que se suicidó tras la difusión de un video sexual entre sus compañeros de trabajo. #NoEsTuCulpa reclamó una investigación de responsabilidad civil y el derecho de las mujeres a una sexualidad libre. Las mujeres somos criticadas por tener mucho sexo, por tener poco sexo, por gustarnos el sexo, por no gustarnos el sexo. La masculinidad hegemónica, en cambio, no se concibe sin el sexo como una motivación natural o biológica del hombre. El sexo no es de ellos, no somos objetos de deseo, somos personas y tenemos derecho a experimentarlo sin ser socialmente atacadas por ello. No se suicidó, la mataron los prejuicios machistas. Orgullo de mujeres que salen en son de sororidad a las calles a defender a las víctimas que ya no tienen voz para hacerlo: ¡Hermana, yo sí te creo!

En junio, el gobierno griego incorporó la definición de consentimiento en los delitos de violación. Una victoria histórica del movimiento feminista: ¡Sin consentimiento, es violación!

En julio, el feminismo volvió a llenar las calles en apoyo a la menor víctima de violación de La Manada de Manresa. El debate que abrió el caso de la Manada en 2018 sobre la diferenciación entre abuso y violación se reactivó con fuerza: ¡Únete contra la jauría!

Desde el verano de 2019, las feministas mexicanas no han parado de movilizarse contra el elevadísimo número de feminicidios y de violaciones sexuales en el país. La rabia se dirigió en principio a los policías, a quienes acusaban de “violadores”, recordando que el Estado debe “cuidar” a sus ciudadanas y garantizar la equidad y los derechos de las mujeres. Mi profesor de derechos humanos solía decir que había dos tipos de países: aquellos en los que, si tienes un problema, acudes a la policía y aquellos en los que tienes un problema si ves a la policía. Claramente, los últimos serían los violadores de derechos humanos. En el caso de México, la impunidad es la mayor aliada de los machistas, puesto que el 90% de los delitos no se castiga y, por eso, apenas se denuncia. El silencio ha comenzado a romperse en México.

La batalla feminista no cesa y en septiembre volvimos a tomar las calles. El 20-S se convocó una movilización para hacer frente a la “emergencia feminista” y reclamar medidas que acaben con la lacra de la violencia machista. Las medidas de prevención se presentan como insuficientes y la vulnerabilidad de los huérfanos que deja a su paso la violencia machista debe ser atendida como política prioritaria en nuestro país, porque esas criaturas también son víctimas del machismo.

Octubre nos regaló la libertad de las acusadas por el “coño insumiso”, quienes pudieron celebrar que su reivindicación por la libertad de las mujeres fuera reconocida como tal y no como un ataque al espíritu religioso. Las protestas parten de la libertad y de la insumisión de aceptar el status quo. Nunca deberían haber sido juzgadas por protestar simbólica y pacíficamente.

No sólo México ha liderado el movimiento feminista latinoamericano este año. En Bolivia, las mujeres tomaron las calles en noviembre tras las elecciones en protesta contra la lacra de medidas y el clima de indefensión de las mujeres en el país. También Chile ha marcado el punto álgido del movimiento feminista internacional con sus cantos porque “la culpa no era mía”, la culpa es del sistema patriarcal. “Un violador en tu camino” ha recorrido el mundo con el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer hasta llegar a Turquía, donde el Estado ha reprimido duramente a las manifestantes, pero la lucha de las mujeres sigue en el Parlamento, como muestra de coraje.

En este mes de diciembre, Finlandia ha proclamado a la primera ministra más joven del mundo y ha llenado el Ejecutivo de mujeres. Barack Obama ha sido noticia estos días por su declaración de que una política liderada por mujeres sería más justa, más empática y más humana. Un gobierno finlandés de mujeres puede ser un antes y un después en la forma en que se toman decisiones y en cómo se prioriza la igualdad como política social transversal.

2019 se inició con los ecos del movimiento #MeToo, continuó con la lucha contra los negacionistas de la violencia de género pertenecientes a alas conservadoras y arrasó con manifestaciones en defensa de las víctimas como parte de la lucha contra el acoso y la violencia sexual. “Un violador en tu camino” ha sellado un año lleno de sororidad, donde las voces de las mujeres se han escuchado más alto que nunca para pedir el fin de la violencia machista, para exigir responsabilidad a nuestros gobernantes y compromiso con la causa a una ciudadanía mundial. No quiere decir esto que no quede mucho por hacer. La igualdad sigue presente como utopía y es nuestra labor continuar la lucha para que no sea este un año feminista, sino el comienzo del cambio. Queremos décadas feministas, queremos igualdad, seguiremos cantando, marchando y gritando en este 2020 que está por iniciarse.

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