Rapinoe, una estrella luminosa

Megan Rapinoe, con todas sus medallas y triunfos, tiene mi edad, 34. Líder de su equipo, ha estado a la altura de los triunfadores al utilizar su plataforma y visibilidad para poner sobre la mesa conversaciones que buena falta hacen en la sociedad estadounidense actual.

Mujer y lesbiana: doble discrimación. Eso no la achica. Ha utilizado su voz pública para defender con orgullo su orientación sexual, su pasión por el fútbol y para crear campaña contra la brecha salarial de género en el mundo del deporte. Una mujer poderosa siempre es objeto de críticas, desafortunadamente. ¿No es la soberbia de la que se le acusa típica de la masculinidad? ¿No son soberbios Messi y Ronaldo? Cuando miles de fans gritan tu nombre y las niñas se te acercan con esos ojos llenos de emoción que te delatan como un modelo a seguir, como una estrella que guiará sus sueños, la autoconfianza y el amor propio quedan drogados, fortalecidos y desinhibidos. ¿Qué hay de malo en recoger los frutos del esfuerzo de toda una vida? ¿Qué hay de malo en querer disfrutar del éxito tal y como lo hacen los hombres deportistas?

Hace ya casi una década que España ganó el Mundial (masculino) de fútbol. Es muy probable que todxs tengamos memorias personales de aquel verano de 2010 donde un nacionalismo poco habitual llenó de banderas nuestras calles y de gritos nuestros balcones. Sin embargo, España estaba sumergida en una profunda crisis económica, pero también política y ningún jugador utilizo esa plataforma para lanzar un mensaje tan necesario como el de no salgamos a la calle solo por el fútbol, también hace falta salir a protestar. Si esa unidad popular y ese amor repentino por la bandera se hubiera aplicado a demandar un giro en las políticas de estado, quizás una década después no seguiríamos intentando salir del hoyo.

En cambio, Rapinoe ha tomado el mando de los discursos públicos de su equipo y los ha encaminado hacia el cambio. Porque su sueño personal era ser la campeona que ya es, pero le queda la llaga de la discrimación sufrida toda una vida. Mientras que la copa (femenina) francesa repartió treinta millones, la copa masculina de Qatar de 2022 repartirá cuatrocientos cuarenta. Su figura pública ha sido objeto de todo tipo de insultos a lo largo de su carrera por vivir abiertamente su sexualidad, compartir fotografías en redes sociales con su pareja y hasta posar desnuda para revistas en un intento de apropiarse públicamente de su sexualidad y reclamar la igualdad.

En el discurso que realizó en Nueva York estos días dejó claro que es responsabilidad de todos y de todas el hacer este mundo un lugar mejor. No importa cuán pequeña es la aportación, cada unx de nosotros podemos mejorar nuestra comunidad, respetándonos unxs a otrxs. No ser racista, ni homófobo, ni xenófobo, ni tránsfobo, ni sexista no es suficiente. Debemos levantarnos contra las injusticias y defender a quienes sufren discriminación. La unión de las voces feministas que se han puesto en pie, en marcha y a grito vivo contra la justicia patriarcal para defender a las víctimas de las violaciones múltiples dejan una energía de esperanza, de sororidad y de amor al prójimo que pone la piel de gallina. Convirtamos esa defensa de la libertad, la igualdad y la justicia en un grito colectivo que surja de nuestras entrañas cuando presenciamos discrimaciones no dirigidas a nosotrxs. No seamos partícipes con nuestro silencio. Demos voz a quienes no la tienen.

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