Hey, girl!

Hoy quisiera hablar del lenguaje sexista, tema que ya he tratado con anterioridad y profundidad en este blog. Sin embargo, quisiera hacerlo desde una perspectiva anglosajona porque eso de que llamen “Girls” a mujeres hechas y derechas tiene una explicación feminista que no debe pasar desapercibida.

“The girl from the bakery”, “The girl from Accounting, “The girl that drives the bus”. No importa que se esté ejerciendo una profesión o que se tengan cinco hijos crecidos, las mujeres en inglés somos girls. El término woman, de hecho, suena despectivo cuando uno se refiere a otra persona. No escuchas “The woman from the bank“, si acaso “the lady“, que es de una finura irremediable. En un idioma que no distingue entre femenino y masculino, no se explica esta evolución del lenguaje sin tener en cuenta los rasgos sexistas y androcéntricos que derivan del mismo. Una mesa en inglés es table, sin género. Y, ¿por qué iba a tener género un objeto?, se preguntan ellos. Se sorprenden los anglófonos cuando nos oyen hablar de un animal en femenino o masculino. Where is the dog? “She” is outside – diríamos los hispanohablantes si fuera una bitch, también innombrable (para las perras, digo, para las mujeres: en boca de todos).

Hace poco, en mi lugar de trabajo, recibí un email que decía que “the girl from accounting” había acabado su jornada y que me enviaría la documentación mañana. Mi espíritu feminista me empujó a responder (en inglés) “Espero que sea una mujer hecha y derecha y que no tengas a niñas pequeñas trabajando para ti. La contabilidad lo sufriría…”. Mi broma no fue bienvenida. Tampoco esperaba lo contrario. Mi objetivo no era la guasa sino llamar la atención sobre la condescendencia del trato a la empleada. Esto en un entorno laboral, no os digo yo las veces que se escucha en conversaciones coloquiales lo de referirse a las mujeres como girls.

Debo confesar que forma parte del lenguaje aceptado de manera tan universal que hasta yo tengo que hacer un esfuerzo consciente por decir woman o lady en su lugar. Esfuerzo que hago no solo para corregir mis propios automatismos del lenguaje normativo sino también para corregir a quienes los sueltan sin capacidad crítica.

Una vez los niños crecen, ya no son boys, se convierten en guys. Igual que en español de niños pasan a ser chicos, pero de niñas no pasan a ser chicas, sino chicos. El no existir un paralelismo para las mujeres (gals está francamente inutilizado en el lenguaje verbal) se incluye a las mujeres en el genérico masculino de guys. Es decir, un idioma que no cuenta con la problemática del castellano, donde el plural incluye a hombres y mujeres, ha creado socialmente la misma problemática para las mujeres adultas, quedando estas invisibilizadas bajo el genérico masculino.

El feminismo no es más que una perspectiva crítica frente a la desigualdad, sea esta más evidente o más sútil. El lenguaje esconde mucho sexismo y las feministas realizamos un esfuerzo desmedido por corregir nuestros propios automatismos y llamar la atención a quienes utilizan un lenguaje sexista de manera no intencional, con la simple idea de que reflexionen al respecto. Cada vez que sacamos el tema del lenguaje se nos acusa de radicales, porque el lenguaje es una herramienta de comunicación supuestamente libre, pero la realidad es que las relaciones de poder quedan enhebradas en cómo nos dirigimos a uno u otro sexo, qué adjetivos utilizamos y que especificidades omitimos.

A mí no me gusta que me llamen girl. No soy una niña, no necesito esa condescendencia y me parece irrespetuoso. Del mismo modo que me molesta el “señorita” porque jamás he escuchado a quienes utilizan esa palabra utilizar el “señorito” hacia un hombre. Y a este motivo, repasemos también el sexismo detrás del Miss, Ms., Mrs. del inglés. El Mrs. se coloca delante del nombre de mujer, cuando está casada y el Miss para las no casadas. Cuando se rellena un formulario, ya sea para una compra online, para un formulario de trabajo o para documentos oficiales, las mujeres debemos seleccionar una u otra opción. Que te soliciten el estado civil cuando estás ejerciendo tu autonomía y no dependes legalmente de un marido para abrir una cuenta bancaria como antaño, no tiene mucho sentido. Para lo que sirve es para catalogarte socialmente. En los años cincuenta del siglo pasado, comenzó a popularizarse el Ms. para aquellas mujeres que optaran por no revelar su estado civil. Lo cierto es que en papel es más sencillo evadir las otras dos opciones, pero con los formularios electrónicos, nos fuerzan a elegir exclusivamente entre Mrs. y Miss.

Otro término que he dejado de utilizar es el de actress, sumándome a los esfuerzos activistas por el colectivo de mujeres de Hollywood que se autoproclaman actors. En inglés, actor es quien actúa, así: sin género. Por eso, las actrices se preguntan a qué se debe la segregación por sexos de los premios por actuación. La mejor interpretación equivale a la mejor fotografía o al mejor maquillaje. Lo que es the best es el producto final y no debería afectar si está hecho por una mujer o por un hombre. Si en otros campos audiovisuales no se distingue por género, ¿por qué en la actuación, sí?

Hace no mucho, aquí en Montreal, Dana Glowacka batió el récord por hacer plancha durante más de cuatro horas seguidas, pero no ganó el título universal, sino el femenino. El mundo del deporte está ampliamente segregado por sexos, incluso en actividades como mantenerse en posición de plancha, donde lo único que se sostiene es el peso corporal de uno mismo y la competición es también con uno mismo y no con un contrincante. No tiene mucho sentido. ¿Qué tiene esto que ver con el lenguaje sexista? Pues que ninguna noticia del récord en plancha del hombre aclaró que se trataba del título masculino. Mientras que el récord de ella se calificó rápidamente de femenino. El lenguaje importa.

Así que, my ladies, no dejemos que nos manden a callar cuando nos sentimos omitidas, invisibilizadas o discriminadas en el discurso verbal. Aunque nos espere una acusación o una mala respuesta, algunas nunca nos callaremos ante el sexista, sea este lo sútil que quiera.

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