Maluma y el machismo

Esta entrada tiene el propósito de analizar el discurso machista y misógino de un producto de cultura de masas como es una canción reguetonera de Maluma titulada “4 Babys”, así como examinar un artículo periodístico publicado en La Razón el septiembre pasado sobre la última polémica machista del cantante, relacionada con la imagen de su último álbum. La finalidad es la de identificar las estrategias de promoción de la violencia patriarcal en el discurso y destapar los argumentos y creencias que permiten la legitimación de dicho discurso.

La elección de un tema de actualidad me permite poner en evidencia la realidad con la que el feminismo actual se encuentra. El machismo está a la orden del día y los micromachismos pasan desapercibidos para la mayoría de la gente, todavía poniéndose en duda su importancia bajo el alegato de que lo políticamente correcto se está radicalizando. La defensa de las formas de convivencias que discriminan por género oculta las estrategias que sirven para ejercer violencia contra las mujeres. La denuncia de esas tretas por parte de los colectivos feministas permite su visibilidad y puesta en juicio, pero también provoca reacciones en contra.

Este caso particular, al tratarse de un artista internacional con millones de seguidores, evidencia que las críticas feministas no son suficientes para contrarrestar la defensa a ultranza de sus fans, entre otros. Durante mi investigación, no solo me ha sorprendido la diversidad de artículos periodísticos que han tratado el tema a evaluar sino los comentarios de los internautas. Solo con leer los prejuicios normalizados que ocupan el imaginario colectivo serviría para comprender el valor mismo de la lucha feminista en nuestros días. Sin embargo, mi análisis no aspira a llegar tan lejos: me centraré exclusivamente en la cultura objetiva que fomenta el discurso misógino y la apología de la violencia contra las mujeres en los materiales culturales indicados.

La cultura popular y los medios de comunicación tienen el poder de llegar a miles de personas y, por tanto, cabría achacarles la responsabilidad pública de difundir y sensibilizar contra la violencia patriarcal. En cambio, la rentabilidad económica se superpone al interés general y apenas se regulan los contenidos culturales por esa resistencia política a ser acusados de censurar o de atentar contra la libre expresión. Siendo cierto que la línea que separa la censura del control es muy fina, la falta de regulación permite que los contenidos considerados denigrantes para la imagen pública de la mujer pasen a ser legítimos de cara al público de masas.

Las canciones, videoclips e imágenes que Maluma promociona son mecanismos que fomentan la dualidad de hombre dominador y mujer(es) sometida(s). El lenguaje y las representaciones culturales también constituyen una forma de violencia contra las mujeres y sin la resignificación del mismo no se podrá poner en evidencia su relación con la subordinación de la mujer. La deslegitimación de los discursos y la reconceptualización deben formar parte de nuestro proyecto político y social como país y, para ello, se hace necesario señalar las estrategias que minimizan y niegan el problema, justificando el machismo y buscando toda clase de defensas ante las críticas feministas.

A continuación, analizaré primero la canción y después el artículo para evidenciar estos supuestos. La canción produjo mucha polémica hace dos años, ni la primera ni la última relacionada con el machismo que evoca el “arte” del cantante, pero quizás las más relevante. Sus letras son una declaración de dominación y subordinación, entretejiendo una estructura de control patriarcal especialmente peligrosa por su amplio alcance al público. El artículo seleccionado, sin embargo, es relativamente reciente y responde a la campaña de redes #MejorSolaQueConMaluma, presentando una visión alternativa y, como veremos, una justificación del machismo que presenta todo tipo de razonamientos para eximir de culpa al cantante respecto a las imágenes que utiliza.

Canción: 4 Babys; Maluma ft. Noriel Bryant Myers Juhn

El cantante Maluma ha sido acusado de hacer apología de violencia hacia las mujeres durante años. Su canción más polémica, “4 Babys” de 2016, describe la condición subordinada de cuatro mujeres disponibles a su servicio sexual ilimitado. Me propongo en estas páginas el analizar sus letras y señalar la reacción feminista que produjo su lanzamiento.

La canción es una representación de la más repugnante forma de masculinidad, el estereotipo de hombre que posee y domina a las mujeres. A partir de una jerarquización evidente de los géneros, el cantante se posiciona como poder superior frente a las cuatro mujeres, quienes además carecen de atributos más allá de la sexualidad; ni nombre ni identidad. Las letras señalan que está “enamorado de cuatro babies” porque siempre le dan lo que quiere, “chingan cuando yo les digo / ninguna me pone Pero”. El amor queda de esta forma vinculado a la dominación sexual. Se presenta aquí la creencia del imaginario colectivo de que las mujeres son objetos para complacer al hombre, meros instrumentos de sus necesidades sexuales. Esta condición suprime su autonomía, colocando al hombre en una posición superior de todopoderoso frente a ellas. El poder de dominio es un poder impositivo, ya que se controla la relación sexual para autocomplacerse. Como indica Bonino (2006), “esta creencia es la que supone que los varones tienen mayor valor que las mujeres, dando por sentado que ellas deben estar disponibles y al servicio de los propios deseos, placeres y razones.” Esa imposición anula la capacidad de la mujer de tomar sus propias decisiones y de exponer sus propias necesidades dentro de la relación.

En el siguiente párrafo, describe a esas mujeres (de las que está supuestamente enamorado) de la siguiente manera: “dos son casadas, hay una soltera, la otra medio psycho y si no la llamo se desespera”. La única descripción que encontramos de ellas está vinculada directamente a su relación con él, como el hombre dominador, quien les aporta identidad. Describir a las mujeres según su estatus social es otra prueba de machismo, pero es que además califica a la última de loca, en directa relación con otra estrofa cantada por Bryant Myers que reza: “Le encojona que me llame y no lo coja / Peleamos y me bota la ropa y tengo que llamar a cotorra pa’ que la recoja.” De nuevo se presenta esa patologización de la mujer que reacciona ante su violencia como loca, fuera de lugar, neurótica, etc. Se enfada con él porque es una “psycho”, él es totalmente inocente. De ahí podemos extraer que no solo se localiza fácilmente el machismo en las letras a partir de una expresa ideología de superioridad masculina, sino que también hay varios elementos que caben en la categorización de Bonino (2006) de micromachismo, ya que es él quien presenta a las mujeres al servicio de su propio placer. Siguiendo la clasificación del autor, destaco la inocentización como micromachismo que anula su responsabilidad frente a las reacciones de ellas; el micromachismo utilitario que asume que otra de las mujeres de su rebaño recogerá la ropa que la “loca” tira, es decir, delega lo “doméstico” a otra mujer; y el micromachismo coercitivo, mediante la imposición de intimidad o sexo. El efecto es la perpetuación de la disponibilidad de la mujer a las expresiones sentimentales y sexuales que el hombre presente.

Las siguientes estrofas a destacar serían: “La primera se desespera / Se encojona si se lo hecho afuera”, “A las cuatro les encanta en cuatro” y “Me dice papi vente adentro, si me preña”. Tal como indica Hirigoyen (2006), la denigración, la humillación, la indiferencia, el sexo no deseado y la presión económica son formas de violencia contra las mujeres. El más macho es el que eyacula dentro de la mujer, el estereotipo queda reforzado por la supuesta petición de ella. Además, encamarse con varias mujeres a la vez es sinónimo de masculinidad. La denigración sirve para vulnerar la autoestima de la mujer, atacando su salud mental como vimos anteriormente, pero también llamándolas desesperadas o ansiosas por dar placer al hombre. La humillación se muestra de forma constante a lo largo de la canción, donde el contenido sexual sirve para reducir a la mujer a objeto, denigrándola mediante la extracción de cualquier otra identidad. Menciono, además, la indiferencia, puesto que considero que el desatender cualquier deseo sexual y emocional de ellas es una forma clara de desprecio. Por último, es importante señalar que la violencia sexual que se ejerce queda enmarcada en la obligación de la mujer de complacer al hombre y el derecho de este a recibir tanto y cuanto quiera. La posición de dominación del hombre es precisamente lo que parece responder a su fantasía sexual. Hirigoyen (2006) indica que “las mujeres no legítimas, las amantes, se sienten obligadas a hacer más concesiones, a riesgo de convertirse en objetos sexuales.” De esta manera, parece que hay una competición en la subordinación hacia el hombre por conquistarle, como si cuanto más se le baile el agua más posibilidades hay de obtener algo a cambio de esa relación asimétrica. El deseo sexual femenino está supeditado a la mirada del hombre, a provocar el deseo del otro y a su percepción de lo que es sexy. La dominación de él da forma al deseo de ellas, obligándolas a renunciar a su propio placer. La expresión de su enamoramiento es puramente sexual.

Respecto a la violencia como presión económica, encontramos estas joyitas en la canción: “Tú tienes tú mi cuenta de banco y el número de la Master Card / Tú eres mi mujer oficial”, “Ya no sé ni con cuál quedarme / Y es que todas maman bien / Todas me lo hacen bien / Todas quieren chingarme encima de billetes de cien” y “Comprando en San Valentín / Ya me salieron más caras que un reloj de Ulysses Nardin”. La superioridad del varón ejerce su poder a través de la anulación de la autosuficiencia de ellas, lo que inevitablemente afecta a su autonomía. Es él quien decide sobre con quien quedarse como si fuera mercancía que se compra. Cabe añadir, el concepto implícito de “mala mujer”, de Eva pecaminosa porque ellas son malas y aprovechadas, solo lo quieren por su dinero. En otra parte de la canción vuelve a definir a las mujeres según su estatus social, “Dos tienen maridos y ninguna de las dos al marido respetan”, para dejar claro que las mujeres son malas, para reducirlas a objetos de usar y tirar, para anularlas como personas y establecer que, si ellas no respetan el status quo, no merecen ningún respeto. Él claramente se siente con el derecho de ser todo lo pecaminoso que quiera, puesto que dentro de su rol de hombre está más que permitido.

A raíz del lanzamiento de esta canción, surgió una petición de retiro en change.org titulada “Retirar el videoclip y canción machista ‘Cuatro Babys’ de Maluma. Denigrante para la mujer”, que consiguió 92.414 firmas, lo cual no logró frenar su éxito musical, alcanzando en Youtube el casi billón de reproducciones. No me he dispuesto a tratar el video en estas páginas por cuestiones de extensión, pero sin duda permite corroborar la intención de la letra. Podemos concluir que la canción es una exaltación de la violencia estructural contra la mujer. La violencia simbólica queda reflejada en el mensaje de sexualización de la mujer y la estructura material que reproduce esa violencia simbólica mediante la promoción de los estereotipos y roles femeninos en forma de hit musical. La capacidad de los medios para difundir estos mensajes permite que el machismo se normalice y se legitime. La letra refleja los valores dominantes de la sexualidad masculina como forma de control y sometimiento de la mujer, presenta la construcción social de la mujer como objeto a poseer y hace alarde de prejuicios sobre los límites éticos del comportamiento femenino y de su natural subordinación sexual. El imaginario colectivo legitima esta violencia (de ahí el frustrado intento por censurarlo), dado que las mujeres son vistas como inferiores y como propiedad de los hombres.

Artículo: “¿Pero es un machista Maluma?”, Ulises Fuente (La Razón, 2018)

La imagen escogida para la portada es la causa de la última polémica referida al cantante, quien a lo largo de los últimos años ha cosechado múltiples críticas por parte de los colectivos feministas. Cuando hablamos de polémica, se entiende que hay dos posiciones enfrentadas al respecto. Por un lado, las críticas por machista y misógino por parte de las feministas y, por otro, la defensa o reacción patriarcal de quienes justifican o niegan la violencia que su imagen artística explota. Las resistencias a considerar la música y la representación de la figura femenina del cantante como machista es parte del resurgir del machismo, conceptualizado por diferentes autores bajo nombres diversos como el neomachismo, neosexismo, reacción patriarcal, sexismo moderno, neomitos, etc. La elección de este artículo periodístico en particular se debe a los signos de interrogación alrededor de la cuestión. Mientras que otros muchos artículos se limitaron a informar sobre la campaña en redes contra el cantante, otros aprovecharon la polémica para hacer un breve resumen de las múltiples críticas que a lo largo de los años le han llovido. Este, sin embargo, parece pretender presentar la polémica desde ambos ángulos, al menos es lo que llevaría a pensar el uso de la interrogación. A este motivo, me dispongo a analizar la polémica para encontrar esas reacciones patriarcales en el discurso.

Ulises Fuente comienza utilizando la palabra “acusaciones” respecto a las críticas feministas y menciona el caso expuesto de “4 Babys” para llegar a exponer la reciente polémica respecto al single “Mala mía”. El término de “acusaciones” no es gratuito, puesto que toda acusación viene acompañada de legítima defensa. El propio cantante respondió ante las críticas poco después.

Antes de que la canción fuese lanzada, Maluma publicó una fotografía del videoclip en el que aparecía con siete mujeres en lencería en la cama (en el video son nueve, dos más en el suelo), lo que dio lugar al hashtag #MejorSolaQueConMaluma, como reacción feminista a la cosificación de la mujer. A esto se sumó otra campaña en Charge.org para pedir que se cancelara su concierto en Palencia en septiembre. Las feministas comenzaron lanzando alertas sobre sus letras (“4 Babys”), sus videoclips (“Felices los 4”) y ahora sus posts (“Mala mía”).

El artículo en cuestión utiliza como primer subtítulo las declaraciones hechas por Maluma: “Respeto y valoro a la mujer” y es que poco después del surgimiento del hashtag el cantante se posicionó al respecto. Se menciona que las letras del nuevo álbum (F.A.M.E.) “cruzan muchas menos veces la línea roja”. He aquí una frase para analizar… “Muchas menos” da cabida a pensar que está siendo más prudente, más modoso, es decir, menos machista, pero además “línea roja” hace referencia a la sensibilidad de las mujeres, al límite que las feministas ponen al arte o al humor dentro de márgenes políticamente correctos. El autor considera una acusación menor el de la cosificación de la mujer y enseguida presenta la defensa de Maluma que hace referencia a valores familiares y coloca en el discurso a las mujeres de su vida que sí respeta como ejemplo de su buena intención: “Mi madre y mi hermana tuvieron un papel muy importante en mi crianza, así que lo primero que aprendí fue a respetar y a valorar a la mujer.” Continúa la defensa alegando que todos los hombres quieren lo que él muestra en sus videos, por tanto y según sus declaraciones, él solo representa esa realidad, no la crea. Sus declaraciones al respecto fueron más extensas, pero el esta es la selección que el artículo presenta.

La segunda defensa que se hace en el artículo se refiere a que el género del reguetón contiene en su esencia un componente sexual, que presenta un “erotismo explícito o ambiguo”, excusando así la universalidad del comportamiento y representación del género en las escenificaciones y letras de Maluma como la normalidad de ese tipo de música. Añade que la cosificación de la mujer está a la orden del día también en los videoclips de mujeres cantantes que exponen su cuerpo y alude al uso del cuerpo de los hombres en las coreografías de Madonna. Además, achaca la sensibilidad de la cultura latinoamericana al respecto, refiriéndose a una diferencia cultural respecto a la anglosajona, más abierta a lo explícitamente sexual.

Más adelante, el segundo subtítulo, “Un truhán, un señor”, contempla la posibilidad de entender las letras de Maluma con humor y alega que la corrección política va ligada a las sensibilidades individuales, de ahí que el artista cuente con tantas seguidoras. Cierra estos párrafos alegando que “resulta conveniente hoy más que nunca, tener algo de sentido del humor, aunque todo el mundo tiene derecho a sentirse ofendido por algo”. La defensa de Maluma llega a su final con un último subtítulo en total disonancia con el tema mismo del artículo (pero muy en la línea de la defensa reaccionaria) que muestra “El lado solidario (y oculto) de Maluma”, en el que se presenta la fundación social del cantante que provee de ayuda a niños en situación de vulnerabilidad en Colombia.

El sexismo moderno se caracteriza por “cuestionar las situaciones de discriminación que padecen las mujeres y las medidas para corregir las dificultades”, definido así por Bosh-Fiol y Ferrer (2012). Los mitos negacionistas que desarrollan estás autoras se encuentran presentes tanto en las declaraciones de Maluma como en el artículo periodístico a tratar de una forma similar. Vemos como se presenta la cosificación de la mujer desde el reduccionismo, restándole importancia, porque es una forma de violencia simbólica y porque si las mujeres pueden hacer uso artístico de su sexualidad, no debería haber inconveniente en que esa misma imagen fuese utilizada por hombres para adornar sus representaciones, lo cual cabe clasificar como mito. El uso del cuerpo de las mujeres por parte de Maluma en sus videos e imágenes reduce a la mujer a su identidad sexual y de subordinación ante el hombre, quien además posa con gesto de complacido y poderoso, rodeado de un montón de mujeres exhaustas por la indomable capacidad sexual del artista.

Por otra parte, se alude a la normalidad. Maluma mismo enuncia que no está creando nada que no exista, que está representando una realidad y que no es su personalidad la que lo demanda ni decide sino cuestiones artísticas y mandatos de la industria. El periodista también entiende que dentro del contexto del reguetón es lo normal y responde a las expectativas de los seguidores, por lo tanto, se justifica. Cabría añadir el mito de las sensibilidades, que comprende como opcional el disfrute de esa música, alegando que no se obliga a nadie a corromper sus propios gustos. Sin embargo, los medios de masas y las redes sociales hacen inevitable que estas canciones lleguen a todos los públicos, quieran o no.

Otras reacciones que se podrían rescatar tienen que ver con el buenismo y es que los valores familiares que demuestra, su éxito profesional y su solidaridad parecen ser razones de peso para demostrar que un hombre así no tiene maldad contra las mujeres ni sustenta con sus acciones la violencia estructural de la que se le acusa. Estas reacciones a las críticas feministas provocan el resurgimiento del machismo, negando o minimizando los discursos misóginos, justificando los discursos y traspasando responsabilidades a las mujeres.

Autores citados:

Bonino, L. (2006). Micromachismos: El poder masculino en la pareja moderna. En Lozoya, J.A. y Bedoya, J.M. (comps.), Voces de Hombres por la igualdad.

Bosch-Fillol, E. y Ferrer, V. (2012). Nuevo mapa de los mitos sobre la violencia de género en el siglo XXI. Psicothema, 24 (4): 548-554.

Hirigoyen, M.-F. (2006). Vivir bajo los golpes. ¿Qué heridas provoca? En: Mujeres maltratadas (pp 19-55). Barcelona: Paidós.

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