Mujeres en los medios

El periodismo es una profesión que ha vivido varias crisis, aunque ha sabido adaptarse a las nuevas exigencias del mundo online; no sin en cambio arrastrar hasta nuestros días bajos salarios, contrataciones temporales, trabajos de largas jornadas extenuantes y multifuncionalidad. Algunos expertos entienden que es la precariedad de la profesión lo que facilita que, en las últimas décadas, se haya feminizado. La paridad en las redacciones (sobre todo en el ámbito televisivo donde se evidenciaba visualmente con facilidad la desigualdad) ha brotado en respuesta a las demandas feministas y a las recomendaciones de organismos nacionales e internacionales.

Sin embargo, todavía existe una brecha evidente, tanto en salarios entre hombres y mujeres profesionales de los medios como en jornadas (las mujeres ocupan el 87.6% de los puestos a tiempo parcial y el 36,2% de las jornadas completas) y responsabilidades, existiendo aun escasas mujeres directivas en el ámbito. Lo cierto es que las facultades de periodismo cuentan mayoritariamente con mujeres estudiantes, de modo que es normal que las más jóvenes adquisiciones sean mujeres. Aunque el periodismo se haya feminizado, “la profesión sigue estando dominada por hombres” (Ufarte, 2007).

Según el Proyecto de Monitoreo Global de Medios de 2015, las mujeres periodistas componen el 44% en prensa escrita, el 59% en radio y el 64% en televisión, constando su incorporación laboral como superior a las medias europeas (35%, 44% y 48% respectivamente) y a las estadounidenses (37%, 45% y 41% respectivamente)[1], según comparativas de datos de ese mismo año.

Más allá de su inserción profesional, destacan varios aspectos discriminantes. En televisión, las mujeres presentadoras son jóvenes y atractivas, por norma general, en comparación con sus contrapartes masculinas. Además, suelen dominar espacios matinales y programas de talk show que abordan temáticas consideradas femeninas. Tanto la franja horaria como las noticias a tratar cuentan con características sexistas. En prensa, son escasas las mujeres en puestos de dirección: 14,2% (Ufarte 2007). Según el informe global de IWMF (2011), los puestos directivos ocupados por mujeres cobran salarios inferiores a aquellos ocupados por hombres.

Precisamente porque los puestos de responsabilidad no recaen en mujeres, poco se ha avanzado respecto a la representación de las mismas como sujetos de noticias. Las mujeres son sujetos de noticias en una cifra inferior al treinta por ciento (28% en prensa, 26% en radio y 29% en televisión), a excepción de la información en diarios digitales y Twitter donde la cifra aumenta al 33%[2]. Su presencia en medios convencionales (prensa, radio y televisión) es menor en asuntos de política y gobierno (25%), en economía (23%), en ciencia y salud (0%) y en asuntos sociales o legales (21%). Por el contrario, aumenta su representación cuando se trata de asuntos de crimen y violencia al ser expuestas como víctimas (37%) y en aspectos relacionados con la cultura, las artes y el mundo del famoseo (45%).

Por otro lado, las mujeres aparecen como fuentes de información y contextualización representadas mayoritariamente desde el ámbito del cuidado (amas de casa, madres, profesional sanitario, activistas y defensoras de derechos), así como en profesiones culturales (actrices, periodistas, celebridades, etc.) En mucha menor medida son citadas como expertas en materias económicas, deportivas, científicas, etc. Existe además una cifra preocupante de las mujeres sin ocupación específica o detallada como fuentes de información (58%). De manera que la voz de las mujeres es la vox populi, la opinión popular desde la experiencia personal y los testimonios y no desde su posición como profesionales ni expertas de asuntos que aun se consideran masculinos en el imaginario colectivo.

Sería recomendable representar a las mujeres desde una mayor pluralidad de discursos, generar reportajes o investigaciones específicas sobre mujeres, informar con mayor equidad y alejarse de los estereotipos de género. La asimetría de roles supone la perpetuación de las violencias patriarcales a partir del sometimiento de las mujeres representadas sin estatus de poder, con identidades sometidas a las de los hombres. Los medios siguen presentando a las mujeres como estereotipos incapaces de opinar como expertas en asuntos que no evoquen actividades lúdicas: sociedad y cultura, compromiso social y cuestiones artísticas.

Especialmente preocupante es la representación de la mujer como víctima, asunto claramente visible mediante el análisis de las noticias sobre violencia de género. Tal como indica el Manual de urgencia sobre el tratamiento informativo de la violencia contra las mujeres[3], hay que “ampliar la representación de las mujeres” presentando historias en las que ellas son protagonistas y que no las presente únicamente como víctimas. Las noticias sobre casos de violencia machista deben evitar el morbo y el sensacionalismo y respetar la dignidad de la víctima. La escasez de información de mano de expertas de género o de asociaciones feministas contra la violencia de género invisibiliza el mensaje ideológico de la violencia como violación de los derechos humanos de las mujeres, esconde el razonamiento del sometimiento de la mujer a la supremacía masculina y presenta los hechos como sucesos descontextualizados. Las explicaciones rigurosas por parte de las expertas en la materia servirían para combatir los estereotipos y las justificaciones banales de la problemática. El manual indica que el comportamiento del agresor debe ser claramente identificado para educar socialmente sobre las señales de alarma. Así mismo, propone abandonar la estética de los formatos con sesgo de género o que promuevan la fácil identificación de la víctima y sus familiares. El relato debe poner la atención en la figura del agresor y no de la víctima, evitando además el “efecto narcotizante”[4] de la presentación de hechos en lugar de soluciones.

Los medios de comunicación ejercen un papel importante en la construcción de las identidades de género y de las relaciones entre hombres y mujeres. La sexualización de las periodistas, la desvalorización de lo femenino y la presentación de la mujer bajo parámetros estereotipados contribuyen a la perpetuación de las violencias patriarcales y de la desigualdad. A


[1] WMC (2015): The Status of Women in the U.S. Media 2015. Disponible en: http://www.womensmediacenter.com/bsdimg/statusreport/2015/Status.of.Women.2015.pdf?p=page/-/statusreport/2015/Status.of.Women.2015.pdf

[2] GMMP, WACC (2015): Proyecto de monitoreo global de medios 2015, Informe Nacional.

[3] IORTV – Instituto de la Mujer (2002): Manual de urgencia sobre el tratamiento informativo de la violencia contra las mujeres; texto aprobado en el I Foro Nacional.

[4] López Díez, Pilar (2002): Representación de la violencia de género en los informativos de la televisión pública estatal: conclusiones; Universidad de Salamanca, RTVE-Instituto de la mujer.

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