¿Por qué los hombres se sienten amenazados por el feminismo?

Ayer, día de San Valentín, mi marido y yo salimos a disfrutar de una cena a solas. En un esfuerzo consciente por incluir temas de discusión que me interesaran, me confesó que le gustaba debatir sobre feminismo conmigo, pero que detestaba el ambiente que se respiraba en redes sociales alrededor de materias de supuesta discriminación de género. “En las redes solo se pone a parir a los hombres”. Como ejemplo de su argumentación sacó el tema de “Baby It’s Cold Outside”, esa canción norteamericana clásica de 1944 compuesta por Frank Loesser y versionada hasta la saciedad, que ha dado tanto de qué hablar estas últimas navidades por ser tildada de sexista hasta tal punto que muchas radios optaron por quitarla de su programación.

En primer lugar, contextualicemos la polémica. Se trata de una canción de los años cuarenta, versión original de la película musical romántica Neptune’s Daughter (1949), que no es más que una comedia y que, además, presenta la misma situación en dos escenarios. Por un lado, el hombre le suplica a la mujer que no se vaya, que se tome otra copa, que se quede un rato… porque hace frío fuera; y por otro lado, una mujer le suplica al hombre exactamente lo mismo, ambos en tono de comedia. ¿Qué pasa? Pues que la insistencia del hombre a los ojos de la sociedad actual es excesiva y cabe ser sancionado como comportamiento puesto en evidencia tras el movimiento #MeToo. Esta perspectiva ignora o deja de lado el contexto de la ficción de la que proceden los versos, que no es más que una comedia romántica. No me parece que la letra sea como para vetarla de la radio ni mucho menos como para que las feministas nos pongamos en pie de guerra.

Baby It’s Cold Outside.
Neptune’s Daughter is a 1949 musical romantic comedy film released by Metro-Goldwyn-Mayer starring Esther Williams, Red Skelton, Ricardo Montalbán, Betty Garrett, Keenan Wynn, Xavier Cugat

Los eventos hay que juzgarlos según el contexto del que provengan. La virilidad de la época de entre guerras y posguerra tenía unas características mucho más asentadas en la fuerza y la representación del poderoso. Hoy en día, las formas de virilidad han evolucionado, tras la crisis de masculinidad que comenzó en los años noventa y que, aunque sigue gestándose, los hombres han dejado de ser tan homogéneos como identidad social. La nueva posición social de la mujer y las crisis del mundo laboral y financiero, les han empujado a encontrar nuevas facetas que incorporar a su propia identidad para adaptarse a un mundo en que la mujer se desarrolla con autonomía y donde la productividad laboral o económica ya no da respuesta a los parámetros de hombre proveedor y sustentador de su núcleo familiar (y donde la familia nuclear y la institución matrimonial también están en crisis).

Dicho esto, creo que queda claro mi punto de vista al respecto. Cuando pienso en el patriarcado, no visualizo a un hombre, ni a un grupo de hombres. Cuando pienso en el patriarcado me imagino un árbol, de tronco robusto y lleno de hojas. Esto no es más que una hojita de ese árbol que, como tantas otras, nos muestra las relaciones de poder históricas entre hombres y mujeres. Que están ahí, siempre. Unas más invisibles a nuestros ojos que otras. No podemos, ni desde el feminismo ni desde el anonimato de las redes, pasarnos el día a tijeretazos contra las hojas. La lucha por la igualdad tiene que atacar las raíces del árbol, profundizar y cuestionarnos nuestros comportamientos como sociedad, pero también individuales. Me parece de una hipocresía infinita criticar una canción (que no es más que un clásico que se escucha en épocas navideñas) y luego bailar en Noche Buena el reguetón de turno que celebra el machismo más cutre, la cosificación de la mujer y la violencia de género.

Juega en contra de las metas feministas que nos apropiemos de polémicas que no llevan a ninguna otra parte más que a criticar por criticar, a vetar por vetar. Nos escandaliza cuando nuestros gobiernos censuran o criminalizan a comediantes y raperos por hacer arte de opiniones políticas, que nos pueden gustar o no, pero la libertad de expresión no debería ponerse en juicio. ¿Cómo vamos nosotras a imitar esos comportamientos que tanto criticamos? La concienciación sobre los privilegios del género masculino debe provenir de un desarrollo del pensamiento crítico y esa perspectiva nace del entendimiento mutuo. ¿Cómo vamos a convencer a los hombres de que su punto de partida en la vida es privilegiado y de que deja a las mujeres en desigualdad de oportunidades si no mantenemos un diálogo respetuoso con ellos? Para ser escuchadas, hay que escuchar. Para educar, no hacen falta jerarquías morales sino respeto mutuo.

La rabia y el enfado son una respuesta natural ante las injusticias. Es importante que los hombres entiendan porqué estamos enfadadas con el sistema patriarcal, pero que se sientan atacados o no depende también de nosotras y de los usos que hacemos del discurso. Cuando un hombre responde, “no todos” (violamos, agredimos, ignoramos las opiniones, etc.) es porque le hemos hecho sentir como “el problema”. La realidad es que las consecuencias del sistema patriarcal también las sufren los hombres y que las metas del feminismo les incluyen también a ellos porque nos benefician a todos y a todas. ¿Cómo sufre un hombre? Viéndose socialmente obligado a ser el proveedor (aún cuando está en paro); no mostrando sus emociones cuando está deprimido (los mayores índices de suicidio y abuso de drogas son una consecuencia clara de ello); sintiéndose “menos hombre” cuando no alcanza los parámetros de masculinidad de fortaleza, dominación y heroísmo; sintiéndose violentados por la cultura falocéntrica del pene grande como símbolo de poderío sexual; no habiendo sido socializados para resolver conflictos emocionales más que con la fuerza; mediante la imposición de una heterosexualidad normativa (¿o cuántos futbolistas han salido abiertamente del armario?); no sabiendo realizar una escucha activa de sus propias emociones; y un largo etcétera. Sacar a la luz el machismo heredado es un acto de liberación de esas cadenas patriarcales.

“Vivir en una realidad patriarcal o sexista no nos hace automáticamente culpables de lo que no hemos hecho y otros perpetran, pero […] somos responsables de transformar nuestro entorno, empezando por lo más próximo, […] para generar espacios identitarios y de convivencia en clave de paz y equidad.”

Ritxar Bacete (2017: pp351)

Igual que “una mujer no nace: se hace”, un hombre tampoco nace, también se hace. Los mandatos de género, aquellos que imponen socialmente lo que se espera de nosotros según nuestro sexo biológico, son también una cárcel invisible para ellos. Los procesos de socialización (el tronco de ese árbol del patriarcado) deben ser deconstruídos y eso es un trabajo de toda la sociedad. No podemos como feministas, apoderarnos de esa tarea y tratar de aplicar cambios sociales sin la participación de los hombres.

Cuando un hombre se siente ofendido o atacado por el discurso feminista, pueden pasar dos cosas: una, es que viva sordo y ciego a su propia realidad y que se niegue a comprender en qué consiste la igualdad (y en cómo beneficia también a los hombres) o dos, que las feministas estemos fallando en nuestro discurso. Esta última opción es negada por la gran mayoría del colectivo, pero yo creo que las redes sociales, como dice mi marido, están haciendo daño al movimiento señalando con el dedo acusador al hombre por todos nuestros males. El hombre no es el enemigo, es el aliado que necesita el feminismo para alcanzar en el futuro la igualdad real.

One response to “¿Por qué los hombres se sienten amenazados por el feminismo?

  1. Totalmente de acuerdo! Si combatimos la guerra con más guerra no estamos haciendo sino más de lo mismo. Feminismo es verte igual, verme igual, y ayudarte a que tú me-te veas… Cuesta entenderlo porque es nuevo, en todas partes y a todas horas, el desprecio, la culpa y la rabia mueven el mundo. Pero el cariño, la solidaridad, la empatía, la verdadera (no la compasión del fuerte), en esencia, el amor, puede y debe ser un motor mucho más potente.
    Un artículo con autocrítica constructiva y que no se apoya en la rabia propia de las que hemos vivido bajo el yugo del patriarcado. Creo que esa rabia necesaria es la que nos mueve en un primer momento, y que después, hay otras formas de encontrarnos.

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