Feminismo y cuentos de hadas

Desde la segunda mitad del siglo XX comienzan a surgir voces críticas hacia los cuentos de hadas. El feminismo hizo notar que los cuentos infantiles estaban siendo utilizados como transmisores de estereotipos de género. Simon de Beauvoir fue una de las pioneras al señalar a los cuentos de hadas como un instrumento de la cultura patriarcal para educar a las niñas en la pasividad. Mientras que los personajes masculinos se presentaban como dominantes héroes y salvadores, los personajes femeninos siempre estaban en apuros (cautivas, dormidas, etc.) a la espera de que un hombre mejorara su situación. La mujer, desde esa concepción del “otro”, era presentada como un mero objeto que afirmaba el poder del hombre.

Lieberman consideró que los cuentos infantiles servían al patriarcado para perpetuar los roles tradicionales de género. Dos tipos de mujeres, tal como la dualidad de Eva y María, definidas como buenas y víctimas o como malas y diabólicas. Las buenas deben ser rescatadas y protegidas por el hombre; las malas, deben ser castigadas por él. Se educa, por tanto, en la pasividad, la dependencia y el sacrificio femenino. Detrás de esa moralidad tradicional, apunta Rowe, se esconden además las fantasías románticas que alimentan las ideas culturales de las relaciones ideales y de la institución matrimonial como objetivo primordial en la vida femenina, dada su capacidad reproductora y el ámbito doméstico que protege su honor. Se perpetúan así los ideales de comportamiento femenino, los cánones de belleza y las fuerzas de poder existentes a modo de control social.

Los niños y las niñas que leen un cuento (o lo escuchan, o lo ven) reconocen el encuadre histórico al que pertenece. Si los roles de género representan una realidad obsoleta, son capaces de comprenderlo como tal. Sin embargo, si se presentan como lo normal se está explicando el mundo social desde unos valores concretos, que serán identificados por los niños y niñas, interiorizando roles de género aprendidos. El aprendizaje de normas y valores tiene lugar a edades tempranas. Los niños y las niñas absorben los valores, los usos y las costumbres de su comunidad. Primero se identifican dentro del dualismo de género, luego se identifican con el rol social que se asigna a ese género y posteriormente interiorizan esa identidad y configuran su papel en la sociedad desde ese aprendizaje. Por ello, es esencial para el feminismo crítico que se deconstruya el género a través de una socialización temprana para que la figura de la mujer no quede limitada al papel reproductor-cuidador, donde reina la dulzura, la paciencia y la necesidad de protección. Además, dentro del rol masculino se reserva un espacio para la autonomía, el liderazgo, la resolución y la competitividad, del que las mujeres deben apropiarse para liderar la esfera pública.

Los cuentos son una herramienta de gran utilidad para educar en valores, puesto que es más fácil para los niños y las niñas aprender a través de los simbólico. Los cuentos utilizan un lenguaje familiar que los anima a identificarse con los personajes a la vez que van visualizando su propio papel social.

Desde el feminismo se puede crear una teoría y crítica literaria que analice las relaciones de poder y las jerarquías sexuales dentro de las historias que leen los niños y las niñas. No solo se analizan los discursos, sino también el lenguaje utilizado y las ilustraciones de los cuentos para superar el sexismo y la misoginia que, además, no corresponde con el contexto social de los niños y niñas. El sexismo se combate mediante la deconstrucción del género, pero evitando caer en una definición de la mujer desde el esencialismo. Ser mujer no debe consolidar una identidad única, pero sí una analogía a la hora de posicionarse contra el estereotipo femenino de fragilidad y el masculino de agresividad. Hay que reconocer que la naturaleza humana es cambiante y evitar perpetuar el carácter estático y dual de los géneros y la única forma de lograrlo es combatir las relaciones de poder y las jerarquías sexuales que los niños y las niñas aprenden a través de los discursos culturales y artísticos. Debemos educar en que no hay comportamientos femeninos y masculinos, ni lenguajes masculinos y femeninos, ni personalidades específicas al género; en que no hay un sexo superior al otro; y en que la configuración de la identidad debe ser un acto libre de sexismo.

La literatura infantil feminista aspira a incidir en la configuración de las identidades de los niños y niñas analizando la percepción de las diferencias de sexo y combatiendo las relaciones de poder inherentes que limitan, mediante una fuerza simbólica, los registros identitarios accesibles para ellos y ellas. Se trata de protestar contra los valores impuestos, interviniendo en la producción y en la transmisión de los cuentos infantiles. La manera de intervenir en esa representación cultural de los valores es en primer lugar mediante el desglose de los tintes sexistas que esconden; en segundo lugar, a través de la reescritura de los mismos; y, en último lugar, mediante la inclusión de elementos folclóricos.

“Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas”, escrita por Lewis Carroll en 1865, ha sido caracterizado dentro del género sinsentido porque narra el viaje onírico que Alicia realiza al quedarse dormida junto a su hermana en un día de campo. Persiguiendo a un conejo dentro de su madriguera, Alicia cae por un túnel que la lleva a un mundo mágico, donde hay bebidas y alimentos que la hacen cambiar de tamaño, donde los animales hablan, donde la lógica del mundo real no parece aplicarse y donde contradecir a la reina puede costarle la cabeza. Cuando su vida corre peligro a ese motivo, despierta de su sueño y le relata lo “vivido” a su hermana, quien se presenta como el único carácter tradicional, dentro del rol reproductivo y doméstico femenino del mundo de finales del siglo XIX.

Este cuento muestra una perspectiva diferente de la mujer victoriana. Alicia confronta el sistema de estereotipos y las relaciones de poder en una época histórica en la que el activismo sufragista posicionaba el poder político femenino en una nueva esfera. No solo es una niña fuera de lo extraordinario, sino que habla con libertad y toma decisiones autónomamente. Si no tenemos en consideración, ya que no viene especificado, el sexo de los personajes animalarios del cuento, podemos decir que los otros personajes femeninos son principalmente la Duquesa, su cocinera y la Reina de Corazones. Todas figuras poderosas que no vienen acompañadas de hombres más poderosas que ellas, sino que precisamente se caracterizan por hacer lo que quieren. El Rey de Corazones se presenta, de hecho, como un asistente más de la reina, quien le teme como cualquier otro. Esto puede ser considerado como un giro en las relaciones de poder en la pareja. Los estereotipos de género contrarios se mantienen durante toda la obra, donde los hombres son los sensibles y de humor cambiante, mientras que las mujeres, son seres autoritarios y agresivos. La incapacidad e infelicidad de la Duquesa por realizar las tareas del cuidado del bebé suponen también un desafío al sistema de roles tradicional. Al fin y al cabo, el cuento relata las aventuras de Alicia, heroína femenina que sustenta toda la trama y que, aun contando con las características de la “buena burguesa”, educada y paciente, también es curiosa, ambiciosa y valiente. Combatiendo sus miedos ante un mundo desconocido y diferente, el temor y la inseguridad no la paralizan. Las aventuras se multiplican gracias a su independencia y capacidad de salir adelante.

En mi opinión, este cuento desafía los roles públicos y privados en un momento histórico en el que el sufragismo hacía lo propio en las calles. No obstante, hay quienes consideran que no se trata de literatura feminista, ya que el hecho de que todo el ímpetu subversivo del personaje principal fuera un sueño deja abierta la posibilidad de que el autor considerara utopía la participación política de la mujer. Tras esos argumentos, se esconden también las acusaciones de que los personajes femeninos de la Duquesa y la Reina son excéntricos porque su propio poder las convierte en seres malos, donde la irracionalidad y la violencia se apoderan de todas sus decisiones. Otras voces han entendido la crisis de maternidad de la Duquesa como el resultado natural de ser forzada en un rol con el que no se identifica. Por otra parte, la autonomía en las decisiones de Alicia se percibe como tal al considerar a los animales con género neutro. Mientras que, por ejemplo, si se considera a la oruga como macho, se puede pensar que manipula a Alicia en hacer lo que quiere y controla sus acciones con la seta. Por tanto, este texto ha dado pie a múltiples análisis.

Considero que, desde la comprensión de un niño o de una niña, prevalece una figura femenina dominante, valiente, independiente y curiosa que huye de la vida aburrida y tradicional para adentrarse en un mundo mucho más interesante. Existen alusiones a la vida fuera de ese mundo mágico como la del dedal en el bolsillo de la niña. El dedal simboliza sus funciones en el mundo burgués, su posición social contextualizada en la época. En varias ocasiones menciona que nunca en su vida la habían llevado tanto la contraria y se denota el esfuerzo de mantener su clase y su educación para hacerse entender en todo momento. A medida que avanza la obra se va tomando menos en serio las advertencias de los otros personajes, como cuando ignora al lacayo que le aconseja no entrar en casa de la Duquesa. A medida que busca su identidad en ese lugar, va dejando atrás la antigua. Se vuelve cada vez más aventurada a hablar su mente, a mostrar su indignación públicamente y a plantar cara al poder. No le teme a nada y existe cierta superioridad moral en sus actitudes. Por otra parte, las ilustraciones originales de John Tenniel nos muestran la mágica realidad, lo que me permite pensar que impide la patologización inconsciente del comportamiento de Alicia por parte del lector.

En una época en la que a las mujeres se las educaba en la domesticidad, haciendo Alicia alusión a sus lecciones en casa y su hermana referenciando al final de la obra cómo Alicia podrá contar sus “aventuras” a sus futuros hijos, se desafía el rol de esposa y madre con la creación de ese mundo paralelo que parece ir abriéndose camino a medida que Alicia avanza por él, dando a entender que la llave de su vida la tiene ella. Son muchas las generaciones que han conocido el mundo mágico de Alicia y diferentes las representaciones que se han hecho de ella, pero por encima de todo, prevalece una de las más grandes heroínas femeninas de la literatura infantil.

Lewis Carroll (2003) [1865]. Ediciones del Sur. Abril 2003; Disponible en:
https://www.ucm.es/data/cont/docs/119-2014-02-19-Carroll.AliciaEnElPaisDeLasMaravillas.pdf

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s