Sesgo de género en enfermedades cardiovasculares

Los estudios feministas analizan los sesgos de género dentro de los conocimientos científicos, habiendo criticado duramente la consideración de ciertas patologías como “femeninas”. En este caso, me propongo examinar desde la perspectiva feminista la consideración de las enfermedades cardiovasculares como “masculinas”, puesto que aun siendo la primera causa de muerte en mujeres se sigue estudiando el fenómeno con sesgo de género. Ha prevalecido la incierta idea de que investigar las causas y los tratamientos de las enfermedades en hombres implicaba el encuentro de soluciones también para las mujeres. Sin embargo, ni las causas ni los síntomas son iguales para hombres y mujeres que sufren ataques al corazón. Por otra parte, el discurso que prevalece en las campañas de prevención sigue estando generizado, perpetuando la desinformación sobre las especificidades de la patología en mujeres.

Las enfermedades del corazón son la primera causa de muerte en mujeres, pero los hombres siguen siendo los más diagnosticados de dolencias cardíacas.

Las relaciones de poder han servido a la medicina para negar las diferencias de género en el ejercicio de la asistencia médica, condicionando y regulando la salud de las mujeres mediante la invisibilidad de sus síntomas. La ciencia ha comenzado a reconocer las diferencias entre hombres y mujeres en las causas, diagnósticos y tratamiento del dolor, de forma desligada de las funciones reproductivas, aunque todavía queda mucho para hacer para acabar con los estereotipos de género que presentan a las mujeres como seres inferiores y quejumbrosos frente a los hombres. Los aspectos psicosociales que provocan síntomas físicos deben ser analizados desde mayor neutralidad y vaciados de misoginia.

La discriminación en la medicina comienza con la investigación, que históricamente ha excluido de su estudio la perspectiva de género, imponiendo al varón como norma y produciendo sesgos en los diagnósticos a mujeres. Desde los años noventa se ha impulsado una mayor integración de las mujeres en los ensayos clínicos, pero sigue siendo un reto de las ciencias de la salud el acabar con los sesgos implantados en la mentalidad colectiva. Muchas de las fuentes que analizaré a continuación consideran que la problemática reside en la “salud percibida”, es decir, en la valoración personal que las mujeres hacen de su propia salud, en el hecho de que no presten atención a sus propios síntomas y a que se desatiendan a sí mismas mientras cuidan su entorno familiar. La OMS considera que la salud se refiere a factores biológicos, a estilos de vida, aspectos medioambientales, aspectos sociales y acceso a la asistencia sanitaria de calidad. Mientras que las causas biológicas se centran en diferenciaciones reproductivas que han incorporado tarde otro tipo de diferencias morfológicas y de funcionamiento, los estilos de vida han sido analizados contextualmente y no individualmente, invisibilizando el estrés psicológico de las mujeres por su sobrecarga de trabajo y cuidados. Solo al tener en cuenta su salud psicológica, los niveles de ansiedad o depresión (en conjunto con la salud física, salud laboral y social) podremos comprender que la causa de muerte más común en mujeres sean los ataques al corazón.

Discriminación, causas y síntomas:

En la actualidad, las enfermedades del corazón son la primera causa de muerte en mujeres en Estados Unidos, pero los hombres siguen siendo los más diagnosticados de dolencias cardíacas. Desde tiempos aristotélicos, el corazón se ha relacionado con las emociones, encontrándose en sus causas la pena y la cólera acumulada. Sin embargo, es en el siglo XIX cuando se comienza a relacionar el estrés laboral con los ataques al corazón. El médico canadiense William Osler estereotipó a los pacientes como hombres capitalistas ambiciosos, extendiéndose en el imaginario colectivo la acepción de que solo los hombres sufrían de ataques al corazón hasta casi los años setenta del siglo XX. Desde los años cincuenta se incorpora la idea de la calidad de vida como esencial para prevenir las enfermedades cardíacas, poniendo atención al ejercicio, la dieta y el descanso, pero siempre partiendo del estudio de hombres de mediana edad. No sería hasta los años noventa cuando se produce un giro en el colectivo médico estadounidense, abriéndose nuevas líneas de estudio enfocadas en las mujeres y revelando durante las últimas dos décadas las diferentes sintomáticas entre hombres y mujeres respecto a los ataques al corazón.[1]

El estrés psicológico, las largas depresiones, situaciones traumáticas enquistadas, la hostilidad laboral y doméstica aumentan las posibilidades de sufrir un ataque cardiaco en mujeres. Mientras que la casuística en los hombres gira en torno al abuso de la actividad física deportiva y al estrés laboral, la explicación que permite comprender la intensidad del fenómeno en el género femenino pone en cuestionamiento las relaciones de poder. En palabras de Carmen Valls: “Un problema también observado que sesga e impide la visibilidad de los problemas de género en las investigaciones de salud pública es precisamente no incluir en las encuestas preguntas o cuestiones relativas a las condiciones de vida y de trabajo de las mujeres y también a las diferencias de sobrecarga diaria con los hombres”.[2] Valls cita los siguientes riesgos cardiovasculares en mujeres: la diabetes, la deficiencia de vitamina D, el uso de anticonceptivos hormonales y otras terapias hormonales, el colesterol LDL, la preeclampsia y otros tipos de cáncer. A estos, incorpora factores psicosociales como la rabia y la hostilidad, el estrés laboral y el estrés personal (tensiones en las relaciones personales). Y aunque afirma que “las mujeres presentan peor supervivencia ante un evento coronario agudo[3], lo relaciona con el hecho de que en España las mujeres que sufren ataques al corazón son en su mayoría pacientes mayores de setenta años. Por el contrario, ciertos estudios estadounidenses afirman que son las mujeres jóvenes quienes arrastran mayor índice de mortalidad tras su hospitalización con respecto a los hombres[4]. Los estudios están incorporando cada vez más otros factores además del género y la edad, como son la raza y la clase social, para llegar a comprender las diferencias en los índices de mortalidad, muchas veces relacionados con la falta de diagnóstico y reconocimiento de los síntomas a tiempo por parte del personal médico.

En ocasiones, los doctores ignoran los síntomas de las mujeres por relacionarlos con situaciones de depresión, puesto que sus síntomas se presentan de forma más variada y compleja que en los hombres. El dolor de pecho que se extiende por el brazo es la visión más asimilada de un ataque al corazón. La revista americana Circulation de la Asociación Americana del Corazón demostró mediante un amplio estudio que las mujeres percibían la dolencia como “indigestión, dificultad para respirar, palpitaciones o dolor en la mandíbula, el cuello o los brazos”. Los síntomas han sido confundidos tanto por ellas como por los profesionales médicos como ansiedad o indigestión, dejándolas sin tratamiento. Mientras que los síntomas de los hombres no inducen a su hospitalización en un 37% de los casos, el número de mujeres desdeñadas por sus médicos asciende al 53%[5].

Un estudio realizado en la Unidad Coronaria del Consorcio Hospital General Universitario de Valencia en 2007, cuya metodología consistió en entrevistas semi-estructuradas a mujeres con reciente ataque cardíaco hospitalizadas en las últimas 24 horas, analizó las razones por las que las mujeres retrasaban más el tiempo de la demanda de asistencia sanitaria. El 60% percibió la gravedad y el reconocimiento de los síntomas cardíacos, de manera que se descartó la relación con el tiempo de demora. El estudio de la categorización de las causas concluyó que las demoras en la hospitalización tenían que ver con las mujeres evitando causar molestias y preocupaciones a sus familiares, el querer terminar las tareas domésticas antes de atenderse a ellas mismas y, por último y en menor medida, la confusión o error en el diagnóstico por parte del médico de cabecera, que asumió se trataba de un problema psicológico o psicosomático. Por tanto, no solo es importante estudiar las diferencias de género en causas y sintomatología, sino también los factores estructurales que se asientan en roles sociales y culturales, en las condiciones de vida, en la discriminación, incluso en la violencia intrafamiliar, para impulsar programas de prevención adecuados que permitan modificar la percepción social de que los ataques al corazón son cosa de hombres. La conciliación laboral y familiar, así como la empatía médica (y social) hacia las dolencias de las mujeres son esenciales para avanzar en esta materia[6].

Valls habla de “violencias en el acto médico”, categorizando estas como el silenciamiento de las quejas o síntomas, la perpetuación de los estereotipos de género, el reconocimiento de los síntomas en mujeres como inferiores (justificando así que se quejen más de lo que la gravedad sugiere), la falta de investigación, el no valorar las condiciones de vida, la ausencia de terapias preventivas, etc.[7] Un estudio de 2008 de la psicóloga Gabrielle R. Chiaramonte ofrece respuestas sobre la violencia médica. Se presentan situaciones hipotéticas para diagnóstico a 270 médicos de familia en las que las sensaciones físicas de ataque al corazón son iguales en hombres y mujeres, no incurriéndose diferenciación en el diagnóstico. En un segundo estudio, se agregó el estrés y la ansiedad a los síntomas, desvelando el sesgo de género cuando solo el 13% de los médicos recomendaron medicación cardiovascular a la mujer frente al 47% de los hombres con los mismos síntomas. Es el estrés el que genera una interpretación diferente que asume la debilidad psicológica de la mujer frente a los factores externos (asumibles como laborales) en el caso de los hombres.[8] Este estudio arroja luz sobre la construcción de la subjetividad de hombres y mujeres en base a sus condiciones de vida a partir del estrés como elemento relativo a la construcción de género.

La Asociación americana del corazón creó en 2004 el movimiento Go Red for Women para concienciar sobre los ataques al corazón de las mujeres, animándolas a informarse sobre sus síntomas y combatir los mitos. En el año 2011 presentaron la campaña “Just a Little heart attack”[9], donde la actriz Elizabeth Banks interpreta a una “super mom” que parece poder con todo y prioriza sus labores domésticas mientras sufre un ataque al corazón. El mensaje de prevención pide a las mujeres que cuiden su corazón y es que el intenso cuidado de los demás es causante del estrés emocional de las mujeres. Sin comprender esta realidad social y cambiar las relaciones de poder que la sustenta o, dicho de otra manera, mientras las responsabilidades se vivan en desigualdad y el estrés emocional se infravalore frente al laboral, los índices de desigualdad en la atención cardiovascular persistirán.

Conclusión:

A la mujer se la desempodera cuando no es comprendida, cuando se le dice que no tiene nada, ignorando sus propias sensaciones corporales. El desdén y la arrogancia del personal sanitario nacen de la insensibilidad de los estudios médicos desde una perspectiva no generizada. La problemática del acceso a la atención médica, la brecha de género en los estudios médicos y la psicologización de los malestares de las mujeres son síntomas de la misoginia estructural del conocimiento científico. La solución no debe residir en sensibilizar a las mujeres sobre el reconocimiento de sus propios síntomas (donde todos los esfuerzos de incidencia social parecen estar dirigiéndose), puesto que sería trasladar la responsabilidad del conocimiento médico a los pacientes. El cambio debe perturbar los prejuicios y estereotipos sociales. Hasta que no se aborde el orden simbólico que prevalece bajo el biológico, la igualdad en la atención médica no nacerá de la diferencia, sino que continuará su tendencia homogeneizadora.


[1] Doshi, Vidhi (2015): “Why doctors still misunderstand heart disease in women; Reconsidering the typical heart-attack symptoms”; The Atlantic (Oct 26, 2015). Disponible en: https://www.theatlantic.com/health/archive/2015/10/heart-disease-women/412495/

[2] Valls-Llobet, Carmen (2009): “Mujeres, salud y poder”; Universitat de Valencia, Instituto de la mujer; Ed. Cátedra; pg 281; España.

[3] Valls-Llobet, Carmen (2009): “Mujeres, salud y poder”; Universitat de Valencia, Instituto de la mujer; Ed. Cátedra; pg 234; España.

[4] Dr. Krmkolz, Harlan M. (1999): “Sex based differences in early mortality after myocardial infarction”; The New England Journal of Medicine (Julio 22, 1999); 341:217-225; DOI:10.1056/NEJM19907223410401. Disponible en: http://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJM199907223410401

[5] HolaDoctor – 21 de febrero de 2018: “Ataque cardiaco: reconocer los síntomas, más difícil en las mujeres”. Disponible en: https://holadoctor.com/es/coraz%C3%B3n-y-circulaci%C3%B3n/ataque-card%C3%ADaco-reconocer-los-s%C3%ADntomas-puede-ser-m%C3%A1s-dif%C3%ADcil-en-las-mujeres

[6] Peiró Andrés; Sierra Talamantes; Zamorano Lluesma; Muñoz Izquierdo y Almela Zamorano (2007-2008): “Análisis de las causas de la demora hospitalaria en el IAM en las mujeres”; Enfermería en Cardiología No. 42-43/3. Disponible en: https://www.enfermeriaencardiologia.com/wp-content/uploads/4304.pdf

[7] Valls-Llobet, Carmen (2009): “Mujeres, salud y poder”; Universitat de Valencia, Instituto de la mujer; Ed. Cátedra; pg 361; España.

[8] Dusenbery, Maya (2015): “Is medicine’s gender bias killing young women?”; Pacific Standard Magazine (Marzo 23, 2015). Disponible en: https://psmag.com/social-justice/is-medicines-gender-bias-killing-young-women

[9] Video disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=t7wmPWTnDbE

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