Flora Tristán: Unión obrera.

Flora Tristán en “Por qué menciono a las mujeres” (1844) aborda la crítica sobre la inferioridad de la mujer y la pone a disposición de la lucha de clases, demandando que la mujer obrera o la mujer proletaria sea considerada como igual dentro de esa universalidad de la lucha. Para ello, argumenta que la religión la ha dispuesto como ser maldito, como la Eva pecaminosa que hay que dominar para controlar su debilidad de espíritu y que el modelo a seguir impuesto socialmente es el de María, la madre cuidadora, prudente y obediente. A esto, añade que la legislación la ha forzado a permanecer bajo el yugo del hombre, entregada a la autoridad paterna que pasará después a manos del marido. Y, por último, alega que la ciencia ha extirpado a las mujeres de su capacidad de lógica al nombrarlas inferiores al hombre en intelecto y débiles en cuerpo y alma. Incluso los sabios de la historia han apoyado estas teorías dejando a las mujeres de lado, a sus fieles compañeras, juzgadas por siglos.

De todas esas lógicas emana el concepto de la inaptitud social y política de la mujer, apartando a las mujeres hacia trabajos manuales y precarios durante la Revolución Industrial. Las revoluciones tildan a todos los hombres de “ciudadanos” pero no otorgan nuevos derechos a las mujeres. Entonces, se alega que se nace en igualdad física, mental y de derechos. En cambio, Flora se pregunta cómo las mujeres siguen sin poder participar de la actividad pública y demostrar que tienen la misma valía y capacidad que cualquier hombre. Retoma el discurso de Wollstonecraft sobre la esclavitud matrimonial que las dispone mediante el recurso de la educación a servir al marido sin rechistar y a complacerle en todo. Esa situación en la que la sociedad, la Iglesia y las leyes posicionaron a la mujer atentaba sobre su intelecto y sus propias capacidades. De manera que, cambiando la educación, cambiaría ese falso principio de inferioridad y la valía social de la mujer llegaría a ser reconocida. Esto, con el objetivo de participar activamente de la lucha proletaria para mejorar las condiciones de los parias sociales en que los obreros se habían convertido.


Una mujer educada, trasmitirá mejores oportunidades a sus propios descendientes

La incultura y la ignorancia como rasgos femeninos son la consecuencia de la marginación intelectual de las mujeres. Tristán habla directamente a la mujer en este texto para que entiendan la validez de ser educadas desde el punto de vista de la maternidad. Una mujer educada, trasmitirá mejores oportunidades a sus propios descendientes, ya que las mujeres de clase baja educan a sus hijos de primera mano, al no poder permitirse los lujos aristocráticos de tener maestros particulares. Los jóvenes bien educados tendrán un mejor futuro, mejores oportunidades laborales rompiendo con la esclavitud industrial y la dependencia económica de injustos patrones. Los obreros mantienen su autoridad sobre la mujer aun cuando ella trabaja, puesto que los salarios de la mujer trabajadora se otorgan como complemento familiar al del marido, siendo muy inferiores. De modo, que la mujer de la época termina cargada con el doble trabajo de la fábrica y la casa, agriando su carácter y transmitiendo su hartazgo a sus hijos. El hombre entonces corre a la taberna en busca de consuelo, embruteciendo aún más a los de su clase y rompiendo familias obreras que debieran permanecer juntas en su lucha. Flora Tristán puntualiza que los placeres más básicos han sido arrebatados de las manos de la mujer obrera, que ahora vive irritada, infeliz y abandonada incluso por los de su misma clase.

Los derechos que Flora Tristán reclama, tienen como objetivo que se reconozca el valor social de la mujer-compañera en igualdad de condiciones. Una mujer educada y virtuosa que pueda guiar a sus hijos y corregir las inmoralidades de sus maridos, quienes ahogan sus penas en tabernas y prostíbulos. La productividad y la mejora de las condiciones sociales para todos los individuos vendrán solo de la mano de la educación de la mujer, porque de ella depende la de los futuros hombres. La miseria y la esclavitud laboral arrebatan la libertad a seres que supuestamente nacen libres y iguales, olvidando su derecho natural a la felicidad. La educación de las mujeres explotaría al máximo sus cualidades, educando a futuros obreros libres y convirtiéndose en compañeras en igualdad para sus maridos, acabando con el desprecio que se muestra hacia ellas y, por consecuencia, con todos sus agravios. Reconocer el derecho natural a la igualdad y a la libertad de la mujer obrera, liberaría, según la autora, a la unión universal de los obreros.

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